Los niños y adolescentes toman más bebidas gaseosas, consumen más calorías y tienen peor ingesta de nutrientes cuando comer fuera de casa, en cualquiera de los restaurantes de comida rápida o de servicio completo, en comparación a los días que comen comidas caseras, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago (Estados Unidos).

Los investigadores examinaron la ingesta de calorías, calidad de la dieta y el consumo de bebidas azucaradas, gaseosas particularmente, en los días en los que los jóvenes comen fuera, en comparación a los días que no lo hicieron, utilizado datos del Sistema Nacional de Salud estadounidense para los años comprendidos entre 2003 y 2008, que incluyó a 4.717 niños de 2 a 11 años y 4.699 adolescentes de 12 a 19.

Los cientifícos de la investigación, publicada en ‘Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine’, hallaron que en los restaurantes los jóvenes consumen mayores cantidades de azúcar, grasas totales, grasas saturadas y sodio. Además, se vio que los adolescentes consumen el doble de refrescos a la hora de comer en el restaurante en comparación con cuando comieron la comida del restaurante en su casa.

«Atribuimos esto a los rellenos gratis», dice Lisa Powell, profesora de Política de Salud en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Illinois de Chicago y principal autora del estudio. Según Powell, los niños y adolescentes también bebían menos leche en los días en que comían en los restaurantes.

En estudios anteriores Powell y sus colegas descubrieron que el 41 por ciento de los adolescentes consumen comida rápida en un día determinado, en una cantidad media de 1.000 calorías. Además, un tercio de los niños de 2 a 11 consumen comida rápida un día determinado.

El nuevo estudio mostró que los días en que los adolescentes comían comida rápida, consumieron 309 calorías adicionales, lo que sugiere que no reducen suficientemente su ingesta de alimentos en casa para compensar. Los niños pequeños tomaron un suplemento adicional de 126 calorías. La preocupación es que los niños comen comida rápida con demasiada frecuencia y no lo hacen con moderación.

Según Powell, limitar el consumo de los restaurantes ayudaría a «mejorar los resultados de la dieta de los niños y jóvenes», dijo, al apostar por mejorar los estándares nutricionales «para mejorar la gama de opciones de alimentos saludables disponibles y revertir la tendencia a la obesidad.»

Los investigadores también concluyeron que la comida rápida tuvo mayores efectos adversos en la dieta de niños de familias con bajos ingresos, incrementando potencialmente las disparidades de salud, al ingerir más azúcar, grasa total, grasa saturada y sodio que sus compañeros de familias con ingresos más altos.

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