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La dieta debe contener al menos entre dos y cuatro raciones semanales de legumbres, sobre todo en el caso de niños, ancianos y enfermos, al tratarse de las personas que más aporte energético necesitan. Así se ha puesto de manifiesto en el ‘LV Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)’.

Por el crecimiento y la maduración del organismo durante la infancia, el cuerpo necesita más energía para cubrir esa demanda, especialmente durante la pubertad, explica la profesora asociada de la Universidad Complutense de Madrid y médico adjunta de Endocrinología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, María Ángeles Valero, quien apunta que las necesidades de energía durante la edad adulta se mantienen «relativamente constantes», con variaciones en función del ejercicio físico .

En esta línea, el endocrinólogo del Complejo Asistencial Universitario de León  Alfonso Vidal apunta que los ancianos deben consumir proteínas para «conservar mejor su fuerza», tras señalar que, no obstante, en muchos casos se reduce su consumo «por diversas causas», entre las que señala cambios en el apetito, problemas con la masticación, alteraciones de la memoria o situaciones económicas desfavorables.

Ambos especialistas aseguran que en los procesos de enfermedad los pacientes necesitan un mayor aporte energético «que compense la demanda de la patología», ya que el cuerpo humano utiliza las proteínas «como combustible para las defensas del organismo y para fabricar señales que regulan la inflamación». Así, aconsejan que si la enfermedad es grave, es posible que el aporte de estas deba aumentarse entre un 20 y un 50 por ciento, además de incorporar lácteos en los desayunos y en los postres, e intentar que no falten alimentos como el huevo, la carne y los pescados.

 

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