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Los pacientes que consumen alto contenido de grasa a través de los productos lácteos tras el diagnóstico de cáncer de mama tienen más posibilidades de morir a causa de la enfermedad años más tarde que aquellos que no ingieren tanta grasa a través de la ingesta de derivados de la leche, según concluye un estudio publicado en ‘Journal of the National Cancer Institute’.

Investigadores de Kaiser Permanente, en Oakland, California (Estados Unidos), estudiaron una cohorte de mujeres que fueron diagnosticados en las primeras etapas con cáncer de mama invasivo entre 1997 y 2000. Aquellas que consumían grandes cantidades de lácteos altos en grasa (una porción o más por día) tenían «mayor mortalidad de cáncer de mama, así como una mayor mortalidad por cualquier causa y superior a la mortalidad sin cáncer de mama», escribieron Candyce H. Kroenke, científico de la División de Investigación de Kaiser Permanente y sus colegas.

«En concreto, las mujeres que consumen una o más porciones diarias de lácteos altos en grasa tenían un riesgo un 64 por ciento mayor de morir por cualquier causa y un 49 por ciento más de riesgo de morir de cáncer de mama durante el periodo de seguimiento», señaló Kroenke. Crema, leche entera, condensada o evaporada, flan, quesos, helados, natillas, flan y yogures que no eran bajos en grasa o sin grasa son los productos que analizaron los investigadores.

Las mujeres participantes informaron de que consumían leche baja en grasa y mantequilla con mayor frecuencia y que consumían cantidades relativamente limitadas de postres lácteos bajos en grasa, queso bajo en grasa y yogur alto en grasas. En general, el consumo de lácteos bajos en grasa fue mayor (una media de 0,8 porciones por día) que los de alto contenido de grasa láctea (0,5 porciones diarias).

El estudio encontró una asociación entre el alto contenido de grasa de los productos lácteos y la mortalidad por cáncer de mama, pero ninguna asociación con los productos lácteos bajos en grasa y los resultados de estos tumores. «El alto contenido de grasa láctea en general no se recomienda como parte de una dieta saludable», concluye el autor principal, Bette J. Caan, científico investigador de la División de Investigación de Kaiser Permanente, que recomienda cambiar a lácteos bajos en grasa.

Estudios anteriores han demostrado que una mayor vida útil de exposición al estrógeno es un camino causal para el cáncer de mama, ya que se cree que los niveles de estrógeno son elevados en los productos lácteos que se consumen en el mundo occidental porque la mayor parte de su leche viene de las vacas preñadas. Las hormonas estrogénicas residen principalmente en la grasa, por lo que los niveles son más altos en grasas que en los productos lácteos bajos en grasa.

 

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