El arròs amb fesols y naps de La Genuina. Foto:/León Prieto
El arròs amb fesols y naps de La Genuina. Foto:/León Prieto
La Genuina es una antigua barraca tradicional valenciana cuyas paredes más que centenarias destilan felicidad gastronómica por los cuatro costados. Rodeado de viejos aperos de labranza, fotos en blanco y negro de la familia fundadora y sencillas mantelerías, el principal problema al que se enfrenta el comensal es cómo parar de comer antes de sufrir una indigestión severa.
En este emblemático establecimiento de Pinedo, muy cerca del puerto de Valencia y en los umbrales de la Albufera, está todo bueno, y todo entronca a la perfección con la gastronomía valenciana tradicional. No obstante, si hay un plato que destaca, ese es el arròs amb fesols y naps (arroz con habichuelas y nabos), tradicional arroz de invierno valenciano que en La Genuina ejecutan con pato de la Albufera, en vez de con cerdo.
Servido directamente en el perol, este cronista reta a cualquiera que vaya a La Genuina a ser capaz de probarlo y acto seguido no comerse tres platos seguidos. Suculento, potente, repleto de sabores y texturas, con la carne y el arroz en su punto, con su nabo, sus habichuelas, su morcilla… Es, en definitiva, un no parar, un acto rotundo de glotonería, la máxima expresión de la gula. Además, el hecho de ceder el protagonismo al pato hace este plato, contundente de por sí, una vianda bastante menos pesada y mucho más fácil de trasegar que su versión del interior de la provincia.
Claro que el arròs amb fesols y naps no es algo que deba comerse solo, aunque nuestra razón (y nuestro sistema digestivo) nos diga lo contrario. En nuestra experiencia optamos como primeros por las albóndigas de bacalao, grandes y deliciosas, y la titaina, una especie de pisto tradicional de la zona.
También los postres tradicionales juegan en primera división, y algunos de ellos, como el arnadí, preparado de origen árabe basado en la calabaza y el boniato, no son ya nada fáciles de encontrar. Pero no es fácil quedarse sólo con uno, ya que las cremas artesanas de castalla o avellana resultan también espectaculares, e incluso el tiramisú, sin ser valenciano, está en su punto.
Como es lógico, conseguir una mesa en fin de semana no es nada fácil (sobre todo desde que dejó de usarse la planta superior de la barraca como comedor) y no es raro ver llegar a gente a comer pasadas las cuatro de la tarde. En cualquier caso, merece la pena, sin duda, y máxime teniendo en cuenta que es raro superar los 30 euros por comensal.
La carta de La Genuina
La carta de La Genuina
Preparados, listos...
Preparados, listos…

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