Corme, en la Costa de la Muerte, celebra la XX Fiesta de exaltación del percebe del Roncudo. Jaleado como el mejor del mundo, el percebe que se cría en las rocas de la Punta del Roncudo se beneficia de la constante batida del mar y la exposición al sol dando como resultado un bicho grueso, de uña grisácea con tonos rojos, que esconde un manjar con irresistible sabor a mar.

Los visitantes que se acerquen a esta pequeña localidad coruñesa, enclavada en el municipio de Ponteceso, podrán degustar los famosos percebes, además de empanada, pulpo y vino del país, en un ambiente de fiesta típica popular, con pasacalles y música de gaitas desde mediodía. Muchas gaitas y muchos percebes, como debe ser.

Este año, en que la fiesta cumple 20 años, está previsto distribuir 600 kilos de percebes en raciones de unos 300 gramos a 17 euros cada una. La celebración arranca a las 12 del mediodía con una Misa solemne en honor a los percebeiros fallecidos, recordados también con cruces a lo largo de toda esta costa.

El pasacalles lo animarán la Charanga Os Kilomberos do Monte Alto, y el Grupo de Gaitas Donaire da Coruña. A las 13.30 horas, el baloncestista en silla de ruedas Moncho Pombo Castro, natural de Corme y bergantiñán del año 2011, leerá el pregón de las fiestas. A continuación se abrirá el recinto de degustación y comenzará una sesión musica dirigida por DJ’s que se prolongará todo el día.

En la organización han colaborado con aportaciones económicas, que han ido desde los 25 a los 200 euros, 63 bares y comercios de Corme, que han reunido 4.980 euros para organizar el evento demostrando un gran cariño a sus fiestas pese a la crisis económica.

Si por despiste se le ha pasado este acontecimiento gastronómico, puede disfrutar todavía este verano de otras fiestas dedicadas en Galicia al percebe en Aguiño (Ribeira), el 24 de julio; en Meirás (Valdoviño), el 30 de julio; en Cedeira, el 6 y 7 de agosto; o en Lubre (Ares), el 18 de agosto.

El percebe es técnicamente un crustáceo cirrópodo hermafrodita con pene, dos testículos y dos ovarios, unido por una glándula de cemento a las rocas. Los de  Marruecos, que los malos mesoneros cuelan en las mariscadas de medio pelo, tienen un aspecto delgado y lánguido, y son bastante insípidos, pero en la costa norte de España se crían gordos y tienen el pedúnculo (la parte inferior, unida a la uña) rebosante de carne. Su salud se relaciona con la mayor batida del oleaje.

Se crían en las zonas intermareales de los acantilados. Su recogida es muy arriesgada ya que se hace manualmente con ayuda de un cuchillo, más o menos largo, de acero o hierro afilado, que llaman bistronza. Es uno de los mariscos más apreciados junto a la ostra, el centollo, la nécora o la langosta.

A la hora de consumirlos, es un detalle que da prestigio al degustador mancharse la camisa con los chorros de líquido rosa salmón que saltan al separar su uña del pedúnculo. La mancha que dejan se conoce popularmente como medalla. El número de medallas que acumule el degustador es directamente proporcional a su cara de felicidad. O eso dicen.

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