No hay nada como la comida casera de mamá. Por eso, la compañía La Cocinera ha lanzado una campaña con motivo del Día de la Madre en la que tiene en el centro de atención a aquellos españoles que han tenido que emigrar a otros países de Europa a estudiar o trabajar y que no pueden degustar los guisos de sus madres. Así, esta empresa de productos alimentarios ha enviado el plato favorito de muchos de estos cerebros fugados residentes en Europa cocinado por sus propias madres.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más de 27.000 españoles emigraron del país durante el primer trimestre del 2012. Por este motivo, durante las semanas previas al Día de la Madre y bajo el lema de la compañía Casi como tu madre, La Cocinera Fiambrera Express se ha propuesto que madres e hijos se hayan sentido un poco más unidos a pesar de la distancia que les separa. «Porque sabemos que no hay nada como la comida de una madre, puesto que sus recetas están siempre llenas de amor y sabor, y somos conscientes de que nada te puede recordar tanto a tu propia casa como la cocina de mamá», explica la compañía.

Para garantizar las mejores condiciones del envío, La Cocinera, empresa que nació en 1960, entregó a las madres seleccionadas un kit formado por una caja isotérmica con dos acumuladores de frío y una fiambrera, que mantenían la comida en un estado óptimo hasta que los hijos lo recibían, en menos de 48 horas, en su residencia de cualquier punto de la UE. Los destinos más repetidos han sido Reino Unido y Alemania, sin embargo, también ha habido envíos a Tallín (Estonia), Cracovia (Polonia) y Copenhague (Dinamarca) entre otros, sumando un total de más de 100.000 kilómetros recorridos.

Una madre de Lorca (Murcia) envió un plato de fabada a su hijo a Portugal. «El Viernes Santo se vive con mucha intensidad en mi familia y en mi ciudad, Lorca. Ese día, siempre hemos estado todos los miembros de mi familia juntos para comer un potaje de garbanzos con albóndigas de bacalao. Ha sido un año durísimo para Lorca y, después del devastador terremoto, resultaba muy importante sacar adelante nuestra procesión, volver a ver alegría en las caras de los lorquinos, y lo hemos conseguido. Mi hijo no ha podido venir y no ha visto que su ciudad ha vuelto a brillar un Viernes Santo. Sé que agradecerá el premio, que será generoso con sus compañeros de piso y les dará para que prueben, sé que sentirá orgulloso de ser lorquino y que se le escapará una sonrisa cuando piense que otra vez se ha salido con la suya porque le he mandado fabada en vez del potaje típico del Viernes Santo que no le gusta”, relata

Maite, de Barcelona, envió a su hijo, que vive en Ámbsterdam desde hace más de un año, uno de sus platos foavoritos: fricandó con setas con la finalidad de que se sintiera «un poco más cerca de casa». Para Álex, procedente de León y residente en Bath, Inglaterra, desde hace 7 años fue muy ilusionan recibir una fiambrera con las lentejas de su madre. «Por un momento me sentí como si estuviera en la cocina de mi casa con ella», dijo.

 

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