La tradición, en ocasiones, se suele deslizar en los fogones de la vanguardia. Los productos y platos característicos de las regiones españolas, desde luego, casan a la perfección con la cocina más actual. Como diría un locutor de radio, la cocina de hoy, de ayer y de siempre, se han fundido este año, a cara descubierta, en una misma oferta gastronómica, bajo el sello de calidad de Paradores de Turismo.

La marca elegida es casi mitológica: ‘Geococina Española’, la excusa perfecta de la histórica cadena hotelera para reinventarse y lanzar en Fitur 2012 su nueva propuesta. ‘Geococina Española’ pretende ofrecer las técnicas culinarias más novedosas, sin perder de vista las recetas tradicionales, mejoradas y actualizadas para la ocasión.

Jamón de Guijuelo, papas arrugás, zanahorias salteadas, pasando por la torta de la Serena, los asados de Castilla y León y por qué no, un rico y amable ‘Chardonnay’, de las cepas extremeñas. ¿A quién no le gusta degustar las mejores viandas de las tierras que se visitan?. Que se lo dijeran a nuestro añorado Labordeta.

La red de Paradores cuenta con ocho décadas de historia que acreditan mejor que nada su experiencia y criterio a la hora de elegir los frutos y caldos del terruño. Agapito Cristóbal, jefe de Cocina del Parador de San Marcos (León), se ha ataviado el mandilillo en Fitur 2012 para divulgar con sabiduría la conjunción de texturas y sabores tradicionales de las 13 zonas geográficas en las que Paradores ha dividido su oferta gastronómica.

“La clave es la sencillez y cumplir el decálogo de la buena alimentación para ofrecer una cocina sostenible, propia de cada zona”, nos explicó a Actualidad Gastronómica, con la sonrisa amable de los grandes maestros. Sus blasones son los productos ecológicos de los huertos españoles. “Se trata de elegir lo más natural de la zonas de origen donde se encuentra el parador”, apuntó.

El romero, el limón, la cebolla blanca, el haba, el espárrago, la lechuga lisa, el guisante y la acelga son palabras redondas que sustentan una comida redonda y Agapito las defiende con la naturalidad de los cocineros que saben de lo que hablan.

Dicho esto, ya solo queda dejarse llevar por los caminos de España y cuando apriete el hambre, darse el gusto de probar el plato del lugar que toque, sea un castillo, un convento, palacio o monasterio, bajo el consejo de Paradores de Turismo.

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