La croqueta de gin-tonic

El gin-tonic ya puede consumirse no sólo en el interior de un vidrio sino en forma de croqueta, gracias a la imaginación y el talento del joven cocinero Antonio Madrigal, del restaurante Madrigal, de Colmenar Viejo (Madrid).  Madrigal ha creado la croqueta de gin-tonic, que contiene una gelatina de este famoso cocktail recubierta de bechamel de limón. El producto es un bocado con sabor a gin-tonic pero con la textura y la apariencia de una croqueta.

Madrigal acada de sacar en su establecimiento una carta con 80 variedades de croquetas. A las tradicionales de bacalao o jamón (este último, ibérico de bellota) ha incorporado otras de sabores sorpredentes como la de  lentejas al curry, potaje de vigilia, alcachofas con almejas, sobrasada con kikos, cigalas con algas, champiñón con ajetes, o las de de gin-tonic, cubalibre o mojito.

El precio por saborear estas pequeñas delicatessen es de 14 euros por doce unidades, y de 7 euros la media docena. El cocinero ha dividido las ochentas variedades en ocho familias distintas: croquetas de guisos tipicos, como garbanzos con callos o verdinas con pulpo; de verduras, como cardo con almendras o pimientos de piquillo con cebollino; de quesos, como cheddar con tomate seco o provolone con orégano; o de embutidos, como butifarra con pistachos o chorizo con trigueros.

Las otras cuatro familias son las de carne (que incluye rabo de toro al oporto y jabalí al chocolate), pescado y marisco (vieras con espinacas o chipirones en su tinta), setas (colmenillas al oporto o shiitake con arroz salvaje) y las dulces y cócteles (de chocolate con naranja o café con leche).

Sabor de morcilla con kikos

LECHE LOCAL

El secreto del sabor y textura de estas croquetas, según su creador, está en los ingredientes empleados para su elaboración. El chef madrileño, de 26 años, ha apostado por los productores locales, por lo que utiliza para la bechamel leche y mantequilla de La Colmenareña, de una calidad insuperable. Y como sucede en la mayoría de los hogares españoles, aprovecha los excedentes de comida.

Además, confiesa su truco infalible: añade agar-agar (la reina de las gelatinas, con ocho tipos diferentes de algas) y poquita harina para conseguir que sean crujientes por fuera pero líquidas y cremosas por dentro.

Madrigal está negociando la venta de sus croquetas preparadas y listas para freir en diferentes espacios gourmet, y está dispuesto a seguir investigando sabores para sorprender al cliente sobre lo que puede contener una sencilla e inocente croqueta.

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