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Mario gana el primer Masterchef Junior con unas cocochas al pilpil

Publicado el 07 Enero 2014 Por León Prieto

Mario y Ana Luna, esperando el veredicto del jurado en la final.

Mario y Ana Luna, esperando el veredicto del jurado en la final.

Unas cocochas de bacalao al pilpil con berberechos llevaron esta noche a Mario, niño logroñés de 12 años, a la victoria en la primera edición del concurso Masterchef Junior. Mario se impuso en la final, muy disputada, a su compañera Ana Luna, la malagueña de 11 años que se defendió brillantemente en la final con un plato de la complejidad del magret de pato, presentado sobre una base de cuscús combinado con zumo de naranja, hierbabuena y una salsa de frutas del bosque. Los fallos del cuscús, que quedó “demasiado pasado y sabroso” en palabras del miembro del jurado Jordi Cruz, condenaron a la segunda plaza a la pequeña chef, que tuvo por otro lado la entereza de sobreponerse a los nervios que le provocaron un corte que se hizo al inicio de la final.

El plato del campeón, si bien era más sencillo a priori (sencillo, claro, para cualquiera que domine el pilpil, que desde luego no está al alcance de cualquiera), resultó perfecto en su ejecución y puso en valor las cualidades que los miembros del jurado (Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Samantha Vallejo Nájera) han visto en el pequeño chef: dominio de la técnica, disciplina, orden y serenidad.

Se puso así esta noche broche y final a la primera temporada de un espacio que se ha convertido en pocas semanas en un paradigma de espacio familiar y entrañable, una pena que para la final no se haya adelantado un poco el horario de emisión para que los más pequeños hayan podido seguirlo. Sin embargo, a efectos de audiencia la final ha sido todo un éxito, logrando el 21,7% de la cuota de pantalla, el récord del programa, y una audiencia media de 4,3 millones de espectadores, según los datos conocidos este lunes.

En esa línea familiar, que es una de las señas de identidad con las que trata de identificarse siempre la cadena pública, el último programa tuvo un guiño navideño al dedicar una de las dos semifinales a la realización de una merienda de Reyes, con roscón, chocolate a la taza y galletas decoradas incluidas; si bien es cierto que la prueba hubiera medido de forma más justa las cualidades de los aspirantes si les hubieran hecho realizar la masa del roscón, y no sólo cocerlo, decorarlo y rellenarlo de nata. Además, en el día del año en el que medio país discute acaloradamente sobre si el roscón debe llevar nata o no, este claro posicionamiento de la televisión pública tomando partida por tan dulce elemento puede levantar ampollas entre los puristas del roscón sin nata, que es como debe ser.

Dabates navideños aparte, el programa consiguió cerrar su primera temporada enmendando algún que otro error. Así, acertó plenamente al llevar al plató a Fabián León, finalista del Masterchef de adultos, superando así la estrambótica decisión de ilustrar la primera entrega de esta primera temporada con la presencia de Mario Vaquerizo, cuya relación con la alta cocina o con la generación de los pequeños participantes es, cuando menos, algo cuestionable.

UNA SEMIFINAL DE NIVEL

La final estuvo precedida por dos semifinales. En la primera, celebrada en Faunia, los aspirantes tuvieron que enfrentarse a uno de los alimentos menos queridos por la gente de esa edad: las legumbres. Lo cierto es que salieron bastante airosos del trance, demostrando que para llegar hasta ahí, aparte de gracia y empatía con la cámara, hay que tener aptitudes culinarias que muchos adultos (la mayoría) no alcanzarían ni en cien años. Ana Luna fue la ganadora de la prueba, consiguiendo un pasaporte directo para la final, gracias a una merluza en salsa verde con berberechos (parece haber sido el molusco fetiche de la noche) con alubias pochas y verduras de temporada.

La papada con puré de alubias pintas de Juan, coruñés de 12 años, y las codornices escabechadas con humus de garbanzos y pan de pita de Esther, la leonesa de 11 años que ha hecho las delicias de una parte importante de los seguidores del programa, parecían claramente superiores a la mousse de chocolate con cacahuetes garrapiñados del que sería luego el ganador, pero en esa fase sólo pasaba un aspirante, así que Mario salvó de la quema.

Después, en la segunda semifinal, la navideña, Juan se quedó fuera al aromatizar el chocolate a la taza con una cantidad ingente de guindillas, logrando un imbebible “chocolate mexicano”, mientras que Esther tuvo problemas serios con la consistencia de las galletas navideñas. Así, Mario, sin fallos apreciables, obtuvo su pasaporte a la final, donde optó por un plato clásico, lo que no deja de ser tampoco valiente en un concurso de este tipo. Claro que hacer un buen pilpil no está al alcance de cualquiera. Enhorabuena, campeón.

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El Masterchef más amable

Publicado el 24 Diciembre 2013 Por León Prieto

Masterchef Junior es la nueva apuesta de TVE / Foto: RTVE

Masterchef Junior es la nueva apuesta de TVE / Foto: RTVE

“Sois el futuro de nuestra cocina”. Con estas palabras dio la bienvenida el chef Pepe Rodríguez a los 16 niños de entre 8 y 12 años participantes en la primera edición española de Masterchef Junior, un formato que, si bien reproduce los usos y maneras de su hermano mayor, resulta en general bastante más amable y divertido que el Masterchef de adultos.

La naturalidad de los pequeños aspirantes, y de sus gestos y expresiones, es la gran baza de este formato para conquistar a la audiencia, algo que conseguirá sin duda gracias a las pruebas grupales y, sobre todo, a la prueba de parejas, todo un acierto de los creadores del formato.

El jurado, por su parte, ha sabido estar a la altura del reto en este primer programa, adaptándose a la idiosincrasia propia del mundo infantil y renovándose haciendo gala de un cambio de roles. Así, Pepe Rodríguez, el ‘poli malo’ del programa de los mayores, enseña su vertiente más empática con los aspirantes infantiles mientras que el perfil más duro, sin llegar a serlo, claro, parece ajustarse más a Jordi Cruz. Samantha Vallejo-Nájera, por su parte, sigue jugando un papel más o menos neutral.

El programa, como su modelo senior, está bien diseñado y excelentemente producido, logra mantener la atención del espectador, si bien con altibajos, durante prácticamente dos horas, se centra con acierto en las expresiones de los pequeños chefs, no explota en absoluto la competitividad (cuando hubiera sido lo más sencillo) y consigue el tono amable y divertido que todo programa familiar busca para triunfar.

El casting, desde luego, parece haber sido enormemente acertado, y eso que los 16 aspirantes, que no destacan tanto por sus habilidades culinarias como por su buena sintonía con la cámara y con sus compañeros, han sido elegidos de 3.000 niños que se presentaron a las pruebas.

También se puede considerar un acierto haber elegido a los integrantes de Auryn, un grupo musical bastante seguido al parecer por el público adolescente, como comensales de la prueba grupal (habiendo sido el Ejército español el jurado de la misma prueba del programa de adultos uno no sabía qué esperarse), así como las continuas referencias al reciclaje de residuos.

En la eliminación, eso sí, es posible que se hubiera podido reducir en alguna medida el caudal lacrimógeno, y más tratándose de niños, pero bueno, al fin y al cabo estamos hablando de televisión y la vida es dura, qué le vamos a hacer. También en el debe hay que reiterar que la cocina, tratándose de un programa centrado precisamente en la cocina, debería estar más presente, al menos en forma de consejos a los aspirantes que pueda aprovechar toda la audiencia, pero bueno, al fin y al cabo, como ocurre con la objeción anterior, estamos hablando de televisión.

EL ‘MISTERIO VAQUERIZO’

Sin embargo, hay un ingrediente de este primer capítulo de Masterchef Junior que ha sobrado claramente, y más si hablamos de cocina y televisión. ¿Qué oscuras e ignotas razones (al menos para gran parte de la humanidad) han llevado a los responsables del programa a pasear sin motivo alguno a Mario Vaquerizo por el plató de Masterchef Junior? ¿De verdad era necesario? ¿Es una prueba diabólica para ver de qué pasta están hechos los pequeños aspirantes? ¿Vaquerizo se ha hecho chef en secreto y no nos hemos enterado?

Es posible que en próximas ediciones se desvele el misterio de Vaquerizo, pero mientras nos quedaremos con los aspectos positivos del programa, que han sido muchos y variados, y que seguro que llevarán a Masterchef Junior a emular a su antecesor adulto en lo único que importa en televisión: la audiencia.

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